viernes, 2 de agosto de 2019

Cómo alimentar a nuestra microbiota intestinal con la fibra adecuada.

Oímos constantemente que la fibra es esencial para nuestra microbiota intestinal y por tanto, para nuestra salud en
 general. Pero ¿significa eso que cada vez que
 comemos un snack rico en fibra estamos
 realmente alimentando a nuestras bacterias

 intestinales con la fibra que necesitan?
 de marzo en Miami para entrevistar a Eric Martens, un investigador de la facultad de 
medicina de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, donde dirige un laboratorio
 sobre microbiota intestinal y nutrición. Martens comienza explicando por qué leer las
 etiquetas y entenderlas resulta a veces tan complicado para la mayoría de las personas.
 Esto se debe a que, de hecho, en las etiquetas de los alimentos aparecen tres 
categorías de fibras. Los “carbohidratos totales” lo engloban todo: desde el simple 
azúcar, al almidón y la fibra; y el azúcar y la fibra como dos subgrupos independientes.
“Por tanto, si tenemos 50 g de carbohidratos, en la etiqueta del alimento aparecerían 20 g 
de azúcares y 5 g de fibra, pero no los otros 25 g, es decir el almidón”, explica Martens.
 Esta forma de etiquetar los alimentos complica a veces la toma de decisiones de los 
consumidores que optan por una dieta saludable. ¿Qué hace que la fibra sea tan sana?
 ¿Cómo podemos saber qué tipo de fibra necesitamos comer y dónde encontrarla?
Según Martens, “de los principales grupos de nutrientes que consumimos, la fibra es el 
componente de nuestra dieta que alimenta directamente a nuestra microbiota intestinal”. 
Cuando comemos proteínas, por ejemplo, las digerimos y absorbemos en nuestro intestino 
delgado. Lo mismo sucede con las grasas y la mayoría de los azúcares. Sin embargo, en
 Las bacterias intestinales son las únicas capaces de hacerlo. Digieren las fibras y producen
 ácidos grasos de cadena corta, cuyos efectos beneficiosos sobre la salud han sido
 ampliamente demostrados, como ya hemos explicado en este blog. Por tanto, al comer fibra,
 nos aseguramos de que esos miles de millones de microbios están bien alimentados y pueden
 ayudarnos a mantenernos en buena salud.
Podemos obtener la fibra de varias fuentes: cereales, frutos secos, frutas y verduras. “En función 
de cómo la cocinamos, la comemos y la cantidad ingerida, afectará a nuestro microbiota
 intestinal de manera diferente”, explica Martens.
Hoy por hoy, no existen pruebas científicas que permitan afirmar que un tipo de fibra
 sea más o menos beneficioso que cualquier otro, pero se ha demostrado que “comer
solo de la avena, podría no ser tan bueno como hacerlo de la avena y de otros cereales
 integrales, frutos secos, frutas y verduras. Esta alimentación más variada y el hecho de comer 
moléculas más diversificadas de diferentes fuentes se plasma probablemente en una
Alimentar bien a nuestra microbiota también es clave para nuestra fisiología. Tenemos en el
 intestino una especie de muro defensivo, la barrera intestinal, que mantiene a nuestras
 bacterias beneficiosas allí donde tienen que estar. La barrera intestinal está recubierta
 por una mucosa. Cuando no alimentamos a la microbiota intestinal de forma adecuada, las
 bacterias que la componen buscan comida en la mucosa y existe el riesgo de que
 bacterias potencialmente nocivas se propaguen por todo el organismo y provoquen infecciones
 o enfermedades.
Entonces, ¿qué deberíamos comer para aumentar el aporte de fibra y estar más sanos?
 La respuesta es bastante sencilla: “Cereales integrales, frutas y verduras”, contesta
 Martens. También deberíamos asegurarnos de incluir prebióticos, alimentos como los 
espárragos o las alcachofas, ricos en azúcares fermentables, el alimento perfecto
 para las bacterias intestinales así como probióticos, bacterias que han demostrado ser
 benéficas para la salud y que se encuentran en algunos alimentos fermentados como 
los yogures. Y por último, no olvidemos consumir simbióticos, una combinación de
 probióticos y prebióticos (como un bol de yogur con rodajas de plátano).

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